De la maldad



El desorden institucional

Si coges un mazo de cartas ordenado y lo barajas, quedará desordenado. Si coges un mazo de cartas desordenado y lo barajas, no quedará ordenado. La realidad no se divide entre orden y desorden, sino entre incontables desórdenes. Lo que llamas el orden de las cartas es sólo uno de sus muchos desórdenes posibles, una mera opción de la realidad cambiante. Pero es un desorden determinado, que consideras que es diferente de los demás porque es el desorden recomendado por el poder. El desorden institucional.

Los fundadores de religiones son personas de gran capacidad de seducción que se alían a algún grupo de presión para instaurar un desorden institucional determinado. Naturalmente, un desorden que convenga a los intereses de ese grupo. El trabajo de los fundadores de religiones es explicar por qué ese desorden sería diferente de los demás: el deseable, el "natural". A ese desorden elegido le llaman indefectiblemente Orden y Bien... Y Desorden y Mal al resto de las infinitas posibilidades de la realidad. Por eso el Mal es siempre tan creativo, tan diverso, tan imprevisible. Y por eso también el Bien es tan monótono, tan predecible, tan aburrido. Por eso para toda religión es tan fácil ser pecador y tan difícil ser santo. El desorden que una religión elige como Bien es prácticamente inencontrable, si se deja al azar de la vida el topárselo. Desde este prisma, lo que la vida ofrece sin tregua son posibilidades del Mal, desórdenes inexplorados, no descritos, y por lo tanto temidos y condenados. El "alma" cristiana, por ejemplo, no deja nunca de luchar contra la "tentación", que le llega insidiosamente de todo lo que la rodea. La "tentación": la natural sospecha de que lo que llama el Bien es sólo un desorden posible, y que cualquier otro le sería en el fondo equiparable.




La liberación del Bien y del Mal

La primera liberación del satanista debe ser contra la dualidad Bien / Mal, en todos los terrenos en que se presente, y para ello elige formalmente como punto de partida el Mal, que es el terreno de la vastísima realidad no descrita, no domesticada. El Demonio es el rey del Mundo y el rey del Mal, se lamenta el "alma" cristiana siempre sitiada, siempre amenazada por el azar, aferrada a la esperanza de una tirada de dados que no se produce. Es necesario doblegar al mundo para que prevalezca la ficción de que el orden de la religión representa el cincuenta por ciento de la realidad, la mitad de las opciones de la vida: lanzar los dados lastrados, negar la evidencia, no ver sino a través de los ciegos ojos de la fe.

¿Qué es el Mal? La fuerza indómita del caos, las infinitas posibilidades de la vida. No una vocación de hacer daño a los demás, como piensan algunos molestos resentidos disfrazados de satanistas: Es suficientemente sabido que los detentadores del Bien han hecho y hacen mucho daño a los demás. ¿Por qué el Mal reivindicaría el daño, cuando son precisamente los dioses los que gustan presentarse como los grandes castigadores? Si hay dolor en la experiencia de la maldad, no procede de las delicias de la tentación, sino de la venganza rencorosa de un dios despechado.

Pero para las religiones el Mal no es sino el Bien boca abajo, el otro lado de un extrañamente simple mundo dual. Se puede ser "malvado" entonces de dos formas: de la forma que podríamos llamar religiosa, siendo la lastimera sombra del Bien, su simple copia en negativo; o de la forma satánica, asumiendo como propia la pluralidad y multiplicidad de la realidad que el Bien no acepta ni puede abarcar. Ser "malvado" al estilo religioso nunca terminará con el reinado del Bien, porque lo necesita constantemente como antimodelo. Ser "malvado" al estilo satánico supone iniciar una sublevación por la vida que sólo puede triunfar si logra situarse más allá del Bien y del Mal. El camino religioso del Mal no acepta que el Bien es sólo una posibilidad más del desorden, un desorden institucional, sino que cree firmemente que es el orden al revés, como cuando se hace una lista alfabética inversa. El "malvado" que no se ha liberado de la religión acepta ese orden y parte fielmente de él para construir el suyo. Y su gran rebelión es sólo darle la vuelta: La cruz boca abajo.

Ser "malvado" desde el punto de vista satánico es ser pagano, lejano, viajero, habitar fuera de las murallas de la estrecha polis del Orden y su Bien. Porque aprender al revés de los curas es seguir aprendiendo de los curas. El satanista religioso, o pseudo-satanista, es un sacerdote boca abajo, un espectáculo verdaderamente grotesco. La lista de "pecados capitales" no es una lista secreta de virtudes, ni la lista de "virtudes teologales" una lista de errores, si se las lee con ayuda de un espejo, como hacía Leonardo. Como en toda bazofia propagandística destinada a confundir a la masa, en las listas de "mandamientos" y de "pecados" de todas las religiones hay muchos conceptos huecos, verdades a medias, trucos de oradores, efectismo... Nada aprovechable de esa sopa turbia para un amante de la vida. Ser envidioso, glotón, perezoso, engreído, rijoso, tacaño y cascarrabias como un modo de ir "contra los curas" es sólo una forma de ser idiota.




© Miguel AlgOl

5 comentarios:

Khuai-i-Eszmaill dijo...

Necesaria criba y arenga. Como en el caso de los jóvenes que se matan con el abuso de drogas o practican una suerte de hedonismo de bastante poca calidad para llevar la contraria a la sociedad occidental contemporánea, los perjuicios de ésta no se encuentran exclusivamente en el acto de seguir las normas, también en el de realizarlas justo al revés.

El que se desea a sí mismo libre, individual, soberano de sí mismo, sabe cuáles reglas quiere seguir: solamente las suyas propias.

Gracias por el aporte, Miguel.

Shaagar dijo...

Esto, y el comentario de Khuai, llevan a una reflexión que (podría) ser interesante: ¿Porque el miedo a ser uno mismo, a seguir las propias reglas y a formar el propio universo? Cualquier forma de rebelión juvenil / política / social acaba siendo una manera más de formar un rebaño. Rebaños de todas formas y colores recorren las calles de nuestras ciudades y pueblos. Escogemos al grupo más a fin a nosotros para que nos manipule y muchos se/nos creen/mos únicos, inimitables... y rebeldes!
¿Porque tanto miedo a la desaprobación por parte de los demás?

Miguel AlgOl dijo...

Sospecho que porque en la aprobación de los demás (llamada "normalidad") están los sustentos del ego. Desde la infancia los demás hacen que nos creemos esa autoimagen falsa con la que tanto sufrimos... Socialización e individuación van de la mano en las primeras etapas de la vida de la persona.
Vencer el ego, colocar el centro de nuestra identidad en un plano más alto, más sincero, menos social (en nuestra Verdadera Voluntad) es un trabajo titánico -hay que dejar de temer a la "soledad", a la "locura" y a tantas otras amenazas aprendidas. Un trabajo para el que el mediocre y acomodaticio hombre moderno de hoy está peor preparado que nunca.

Rocio Martinez-Oña Marcos dijo...

Me ha encantado la parte de ''de la maldad'', me gusta como lo has llamado desorden y como todo son desórdenes!.
Sí...parece que existe un miedo a ser nosotrxs mismxs, como si el ser humano fuese ''malo'' por naturaleza...y todxs seguimos un ''orden'' por el ''bien'' común, es todo tan abstracto, tan distorsionado..y tan hipócrita.
Desde luego si tenemos que elegir uno de los desórdenes para guiarnos, al menos que no sea impuesto.

giovanni dijo...

Manipulados desde el momento en que nacemos,en los doce ciclos mentirosos de la preparatoria, en el proceso institucionalizado llamado universidad,religiones ,verdades científicas ,verdades divinas ,presión social y familiar ,en fin que difícil es ser titan en un universo de nefastos dioses,saludos Miguel