De las pruebas del Demonio






Algunos creen que Satán, una vez hecho un pacto en serio con él, te pone a prueba apariciéndose por las noches al lado de tu almohada. Bueno, también... Pero las pruebas que prefiere para saber si eres un guerrero de verdad, digno de su Infierno, son más peligrosas, de este tipo: Satán te desvela que no tienes realmente ni una sola razón para vivir, excepto tu Voluntad, y se queda esperando que sigas hacia adelante.


Sobre la identidad de Satán



Legión

Es un hecho que Satán significa diferentes cosas para sus diferentes seguidores. Todos los libritos y artículos sobre el Satanismo que anuncian de forma más o menos sensacionalista desvelar "en qué creen los satanistas", proclaman ya de forma inadvertida su ignorancia radical sobre este mundo. Los satanistas forman parte de un movimiento abiertamente contradictorio, y muchos cuestionan que pueda hablarse con propiedad de algo coherente hoy llamado Satanismo. Hay incontables formas de ver a Satán entre los que se consideran satanistas, muchas de ellas totalmente incompatibles entre sí. Pero ¿qué otra cosa podría esperarse del Demonio, cuando mete sus largas uñas en los asuntos humanos...? ¿No es Set, por excelencia, el dios de la confusión?

Tal vez el único denominador común del Satanismo actual sea el presentarse como un proyecto de crecimiento personal y disfrute de la vida más plena posible, sin aceptar otros límites que los horizontes siempre en expansión de la propia Voluntad. En las categorías filosóficas modernas, esta posición ante la existencia se etiqueta como individualismo, y es considerada una escandalosa aberración ética para todos los conductores de rebaños. El camino del crecimiento personal lleva a un progresivo descubrimiento de lo radicalmente propio en cada uno — de lo que Crowley llamaba la Auténtica Voluntad (True Will): el descubrimiento de los auténticos gustos, de la auténtica forma de pensar y sentir, de los auténticos deseos. Por lo tanto este camino acrecienta y hace prácticamente irreversible ese individualismo, para alarma de todos los sacerdotes habidos y por haber. Si los satanistas son individualistas radicales, no habría que esperar un pensamiento o una forma de sentir común en ellos: No resultan nada proclives a estar de acuerdo, ni siquiera en lo que entienden por Satán. En algunas organizaciones siniestras, especialmente en las de vocación más "religiosa" (aquellas que sueñan con dirigir grandes rebaños de ovejas negras algún día) es posible asistir a una aparente coincidencia sobre Satán y sus cualidades. Pero sin duda las asociaciones de satanistas más interesantes no se atreven a esperar una unanimidad semejante.


Universos

Cada satanista concibe su propio Satán, porque concibe su propio universo. Los seguidores de religiones comparten universo, un universo por cierto que no han decidido ellos y del que no son ni pretenden ser dueños. Por lo tanto están obligados ponerse de acuerdo a toda costa en las "verdades objetivas" que lo configuran. Y para ello deben consultar sin descanso a expertos en el universo (sacerdotes) de toda condición. Los universos comunes parecen tener la molesta costumbre de esconder siempre sus más importantes "verdades", menos mal que los sacerdotes las saben... El satanista, por el contrario, se atreve a fundar su propia realidad — y por lo tanto a sí mismo, y por lo tanto también su imagen de Satán. En los universos comunes de las religiones es obligatorio buscar el acuerdo ¿Cómo va uno a andar por ahí no sabiendo en qué mundo vive? En el universo personal del satanista, en los inciertos y cambiantes páramos oscuros, no tiene sentido, ni utilidad, saber si se está de acuerdo con algún otro lejano viajero.


Demonios

Hay muchas imágenes y representaciones de Satán: en el fondo debería haber tantas como personas deciden identificarse con el Satanismo. Hay quien ha intentado clasificarlas en teístas, simbólicas y filosóficas, lo que, pensándolo bien, no discrepa mucho de la clasificación respecto a la aceptación de Dios entre creyentes, agnósticos y ateos. Satán puede ser un anti-Yahvé (con todas las exigencias y manías egocéntricas de un dios judeocristiano) o puede ser una imagen poética de una ideología del descreimiento y de la rebeldía. Teología (espiritual) y filosofía (racional), los dos extremos de un debate viciado desde hace siglos en la cultura occidental, han contagiado también, como no podía ser de otro modo, el debate entre los satanistas de tradición europea. La cultura pesa mucho, y no se la exorciza de raíz sólo por preferir una oscura silueta con cuernos. Estas imágenes de Satán, organizadas asombrosamente bien por algunos en tipos y subtipos, provocan en el fuero interno de los más honestos seguidores del Demonio un profundo e indefinido malestar. Porque es demasiado fácil refutar desde la filosofía racionalista (incluyendo el psicoanálisis dentro de ella) el "espiritualismo" de los satanistas teístas. E igual de simple es despreciar el satanismo "filosófico" desde la riqueza de las experiencias interiores que se disfrutan en su otro extremo.


Premonición

Incómodo en el bosque de etiquetas, el satanista sólo tiene realmente una certeza profunda: la premonición del Demonio. Con esto quiero referirme a una experiencia vital muy difícil de explicar intelectualmente. A Satán, a partir de un momento determinado, ciertas personas lo presienten claramente. No todas: Satán no es democrático, le gusta elegir. Si estas personas logran ser impermeables a la presión de la incredulidad de los modernistas (del modernista que llevan dentro) y del espanto de los feligreses (del feligrés que llevan dentro), la percepción del Demonio será más y más una experiencia intensa y central de sus vidas. Una percepción que no sólo se apoya en las sensaciones interiores y en los fenómenos que se producen alrededor, sino sobre todo en la evidencia incontestable —para ellos y para los que les rodean— de que sus vidas se están volviendo cada día más extrañas, hermosas, fuertes e interesantes.


© Miguel Algol.