El demonio de la encrucijada





Donde los caminos se cruzan siempre aguarda un demonio, cuántas tradiciones oscuras han tratado de esto. Y todas coinciden en que la siniestra figura de las encrucijadas no es precisamente un poder menor: La propia Hécate en la antigua Grecia, el mismo Papá Legba (1) en Haití y Benín. En la Europa occidental de principios de la Edad Media las entidades de los cruces de caminos ejercían tal fascinación que el obispo San Eloy se sintió obligado a escribir en el siglo VII: "Ningún cristiano debe prestar o guardar devoción alguna a los dioses de los lugares donde tres caminos se cruzan, o a las rocas, fuentes o arboledas de esos sitios, o a las esquinas".

La palabra encrucijada alude en muchas de nuestras lenguas tanto a un lugar real como simbólico. Si la vida se representa por la metáfora de un camino, donde los caminos se cruzan significa uno de esos grandiosos y terribles momentos en que se puede elegir entre varias vidas posibles. Los más dóciles de los rebaños siempre reconocerán estas encrucijadas a posteriori, como oportunidades perdidas: es el combustible con el que avivan la incesante hoguera de remordimientos en que se les ha ido convirtiendo, en el transcurrir de los años, la conciencia de sus vidas (si entonces hubiera hecho eso, si entonces no hubiera hecho eso...).

La existencia, como escribió Borges, es un "jardín de senderos que se bifurcan". Y en cada bifurcación, un demonio esperando para preguntarte a ti, viajero, si también serás uno de los que se lamentarán eternamente por las sendas perdidas.


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(1) En Haití Papá Legba es llamado en este contexto Kalfú (del francés Carrefour, "cruce, encrucijada"). Papá Legba es el loa del vudú más importante para los humanos vivos, sincretizado con la figura occidental de Satán.



© Miguel AlgOl

La Cueva de Salamanca


Un foro sobre el Sendero Siniestro en español



La Cueva de Salamanca es una comunidad online de estudio, debate e información sobre el Sendero Siniestro impulsada y mantenida por Miguel AlgOl. Está abierta a todas las personas que estén interesadas en formar parte de ella, tengan la mayoría de edad legal, estén de acuerdo con sus normas básicas de funcionamiento, sean aceptadas expresamente y realicen la inscripción.

El formar parte de La Cueva de Salamanca no supone la aceptación de ninguna filosofía o ética preestablecidas. No constituye una “iglesia”, ni una “orden”, ni ningún otro tipo de institución. Es un foro abierto de personas independientes que buscan sus propios caminos de conocimiento y desarrollo. La Cueva de Salamanca pretende reunir a personas creativas, antidogmáticas y radicalmente críticas respecto a cualquier sistema ideológico o religioso.

Oración al Diablo




Salve Satán, Rey de los Infiernos,
Señor del Abismo, Gloria del Mundo.
Loado seas Emperador de la Voluntad,
Adalid magnífico de la plenitud de la carne.
Aparta de mí la pestilencia de los sacerdotes
Y el hedor venenoso de las capillas.

Ven a mí radiante desde el Sur, Satanás,
Señor del Fuego.
Ven a mí invencible desde el Norte, Belial,
Señor de la Tierra.
Ven a mí luminoso desde el Este, Lucifer,
Señor de los Aires.
Ven a mí terrible desde el Oeste, Leviatán,
Señor de las Aguas Profundas.

Maria de Naglowska: Satanismo, magia sexual y el poder femenino




Mariya Naglovskaya, conocida en Europa occidental como Maria de Naglowska, nació en el seno de una familia aristocrática de San Petersburgo en 1883. Su padre, un general que había combatido contra los turcos en los Balcanes y había llegado a gobernador en Kazán, fue envenenado durante una partida de cartas por un nihilista que había logrado granjearse la confianza de la familia. La madre murió también poco tiempo después, cuando Maria contaba sólo doce años. Su principal biógrafo, Pluquet, escribiría sobre ella en aquellos días: "Su salud era frágil y tuvo una infancia difícil, pero sorprendía a los que la rodeaban por sus opiniones mordaces y su comportamiento razonable pero imprevisible".

Preparación para rituales herméticos

por la Orden de los Nueve Ángulos



Generalmente los rituales o trabajos herméticos se llevan a cabo por un deseo específico, y es importante que antes de que empieces un ritual mediante una técnica determinada, te hagas una idea clara de la naturaleza de ese deseo. Es decir, debes tener una idea precisa —en tu imaginación o en palabras— del objetivo que te propones alcanzar al utilizar la magia.

Es importante que este propósito sea concreto —es decir, que se limite a una cosa. Una vez que tienes definido qué es lo que quieres conseguir mediante la magia (y puede ser cualquier asunto: riqueza, éxito, amor, salud, maldecir a alguien), dedícate a pensar posibles visualizaciones que representen claramente tu objetivo. Y busca también alguna frase simple y evocadora que condense ese objetivo.