El asno infernal



Ya entonces decían: "Mira la burra del diablo, que anda sin pastor".
Jesús Suárez López, Folklore de Somiedo, p. 75.



Las figuras de animales forman parte de los textos de la humanidad desde sus orígenes, si nos fijamos en las primeras pinturas rupestres y en las más antiguas cosmogonías que se han conservado. Seguramente ya desde nuestros primeros antepasados cazadores los seres humanos hemos investido a las distintas especies de determinados contenidos simbólicos, convirtiéndolas en representaciones de los múltiples poderes del mundo o de las diversas pulsiones de nuestra vida interior. Y no sólo en los lejanos tiempos que los antropólogos califican de culturas totémicas. En nuestra sociedad moderna el león sigue encarnando la fuerza, el zorro la astucia, el perro la lealtad, la serpiente la traición.

Goetia


"Los demonios de la Goetia son porciones del cerebro humano." (Crowley)


Del Demonio como conseguidor



Me escriben de vez en cuando a la dirección del blog preguntándome cómo hacer un pacto con el Demonio, clarito y fácil a ser posible, que dé frutos rápido. Tienen tantas cosas que pedirle...

Mi respuesta sólo puede ser esta:


No es en un gran consumidor satisfecho en lo que te convertirá el Demonio. Seguirás sin subirte a las deslumbrantes pasarelas del momento. No se te materializarán en el salón todas las cosas de los anuncios a medida que vayan asomándose por televisión. El Demonio no te concederá deseos si son otros los que te dicen lo que debes desear. No llegarás a deslizarte como pez en el agua por esta sociedad podrida, tal vez porque nunca conseguirás perder del todo la vergüenza y la pituitaria. Por eso no existe el pacto exprés: Unas palabritas, un poco de sangre, unos poltergeist y venga a conseguir cosas... No le des más vueltas a internet: Buscabas llevarte bien con SANTA no con SATAN, a ver si aprendemos a teclear.


Su oscuridad y la mía





Desde el reino de la apariencia

Como vivimos en la sociedad seguramente más superficial de la historia, la sociedad moderna, la apariencia es la reina indiscutible del criterio. Apariencia personal, apariencia social y apariencia también en las opciones ideológicas y éticas. Nos hemos acostumbrado a que el aspecto exterior sea suficiente para juzgar la diversidad del universo, como si la realidad fuera un gigantesco expositor de supermercado. Tenemos prisa y no podemos detenernos mucho en el examen de las cosas, la profundidad requiere tanto tiempo... Unas escasas señas de identidad exteriores, la mayoría de las veces sólo referencias estereotipadas, sirven al hombre moderno para identificar al vuelo y clasificar los múltiples encuentros de la vida. Antes se les ocultaba las claves del mundo a los siervos, se les mantenía aislados. Hoy se les convence de que no tienen tiempo para detenerse en ellas, se les mantiene ocupados.

Tú, Anticristo


Esclavo es aquel que espera a que alguien venga y lo libere.
Ezra Pound




Como su nombre indica, el Anticristo es un concepto cristiano. Las copias en negativo siguen siendo copias. Hay una vasta literatura teológica en la rama romana del judaísmo acerca de esta figura, que conecta con una tradición bíblica todavía más amplia sobre los "falsos mesías". Pero como la teología es una perorata sobre fantasmas mortalmente aburrida, ahorraré aquí al lector los pormenores concretos de la fabricación del Anticristo. Los teólogos, según sus lealtades, han señalado como el Anticristo a numerosas figuras de la historia y de la imaginación: la Bestia 666 del Apocalipsis, la Prostituta de Babilonia que la cabalga (la Babalon de Crowley), Armilo o Rómulo, el brujo Elymas de Chipre, el hereje Arrio, el rey seleúcida Antíoco, los césares Nerón y Calígula, el arzobispo Guiberto de Rávena, los papas Juan XV y Gregorio IX, el zar Pedro el Grande... La lista es larga porque ya se sabe que a los clérigos les gusta acusar. En nuestra modernidad el Anticristo se ha deslizado de los misales y los púlpitos a las novelas y las salas de cine: A la relación anterior habría que añadir los nombres de Adrian, el hijo de Rosemary, o de Damien Thorn.