Tiempo de indignidad


Devil is a gentleman.
Shakespeare




Si uno se fija en que la mayoría de la gente —la que decide en las democracias— consume básicamente televisión, y que la televisión es sobre todo reality-shows, tertulias-de-famosos, granhermanos, garrulos-garrulas-y-viceversa y demás ferias de lo soez, se dará cuenta de cuál es la cualidad moderna que en estos días se quiere instaurar a toda costa: la falta de Dignidad. Los castings para programas de televisión son colas de gente que no tendría en general problemas en perder su dignidad por una pasta. Y muchos jóvenes de hoy no ven la utilidad en aprender nada si cualquier día podrían acudir a un casting y "triunfar".

Satán te compraba el Alma en los tiempos en que creías que la tenías, pero (como el alma no existe) te estaba haciendo en realidad regalos. El Capitalismo moderno sí es realmente dañino: te compra la Dignidad.

Aferrémonos a la Dignidad como se aferra un imperio a su último fortín. 
¡Seamos antimodernos!


L Anno Satanas





A los amigos de El Baile del Espíritu:

Yo no os deseo para el nuevo año "paz y felicidad"... ¿O es que todavía creéis en el Cielo? Yo os deseo retos auténticos, altas murallas a conquistar, desafíos que os obliguen a transformaros para seguir adelante, y grandes victorias sobre vosotros mismos.

Los demonios no esperan



Muchas personas se acercan al satanismo como se acercan a una religión. Lo de inscribirse en el registro de iglesias de América no es lo que más aprecio del Dr. LaVey. Esas personas vienen del judeocristianismo y buscan un maestro, una fe ciega, un dios... Y también esperan encontrarse con unos misioneros deseosos de evangelizar a todo el que se aproxime. Quieren que les mandemos gratis el libro del mormón diabólico y que escuchemos pacientemente sus cuitas miserables...

Pero el satanismo no es una religión, sino la antirreligión por excelencia. Satán no odia a Jesús por tener la cara de capullo que tiene, sino por ser un dios. Satán odia de todo corazón a todos los dioses y quiere aniquilarlos para que su curioso experimento en la Tierra, el ser humano, demuestre hasta dónde puede llegar por sus propios medios.

Los satanistas no hacemos proselitismo. No nos gustan los rebaños y por eso no sentimos ningún apego por las mayorías, por los "muchos". No obtenemos ningún beneficio personal en llegar a ser "más". Por lo tanto no buscamos nueva gente, nos importa muy poco si al valiente o aburrido que se decidió a escribirnos le hemos convencido o no. Si no nos beneficia, no nos interesa — primera regla de la antirreligión satánica.