El Demonio en el espejo





Invocando al horror en los espejos


Hay muchas historias antiguas en la tradición occidental, luego convertidas en la modernidad norteamericana en "leyendas urbanas", sobre personas que juegan con fuego mirándose en un espejo.
Candyman, Bloody Mary, Dead Mary son versiones célebres de estas "leyendas urbanas" en el cine. Todas cuentan la historia de que en determinadas circunstancias (en concreto llevando a cabo un ritual) mediante un espejo se puede convocar el horror.


Una versión
mediterránea dice que a partir de las doce de la noche la figura que ves en el espejo no eres tú, sino un demonio. No es raro pues que te mire con esa mirada en el fondo extraña, y que presientas que está a punto de echarse a reír de tu pánico. ¿Nunca has sentido, como aquel que se asoma a un abismo y adelanta un poco un pie, el deseo fugaz de hacer una mueca inquietante, una mueca demoníaca, al mirarte al espejo solo y de noche? La mueca que temes ver...

Tanto llevan juntos en nuestros cerebros el miedo y el espejo, que han tenido tiempo de engendrar una fobia: la
catoptrofobia o terror a los espejos (también llamada eisotrofobia). Se dice que la padecen las personas a las que les inquieta pasar delante de los espejos, y mucho más mirarse de frente en ellos (y parece que todavía peor si son de cuerpo entero). Todos quizá seamos un poco catoptrófobos —con perdón— a juzgar por la atracción y fascinación que despiertan en el gran público las historias de terror vinculadas a espejos. Así Candyman ocupó en un tiempo récord su propio lugar entre las figuras clásicas del cine de terror.

El espejo es un objeto inquietante en sí mismo. Es sólido y opaco, pero da la impresión de que se ve "por él", como si fuera un cristal transparente o una ventana abierta. Sin embargo lo que se contempla en el espejo es una copia de la realidad al revés (cada objeto girado sobre sí mismo a partir de un eje vertical). Las cosas al revés son iguales y extrañamente diferentes al mismo tiempo, especialmente cosas sutilmente asimétricas, como los seres vivos y sus caras. Mirarse en un espejo es fundamentalmente mirarse la cara (parece que para esto se inventaron) y de hecho solemos casi siempre ver nuestra cara sólo en espejos (salvo en las fotos y demás). Así, al revés, tomamos desde pequeños conciencia de ella y nos la "aprendemos". Cada uno es el único ser que suele pensar en su cara al revés.



La
Reproduction Interdite

El cuadro que
René Magritte pintó hacia 1937 y tituló La Reproducción Prohibida muestra a un hombre de espaldas que mira un espejo y recibe la imagen de sí mismo mirándose desde detrás, desde el ángulo de alguien que está a su espalda. Puede entenderse desde el punto de vista del pintor y del espectador, como una cara que se resiste a mostrárseles pese a estar enfrentada al espejo. O puede verse, lo que resulta más perturbador, desde el punto de vista del hombre del cuadro. Con el espejo ha logrado verse desde detrás, desde donde nunca puede verse. Por eso esa mirada a su espalda que se ha proyectado en el espejo no puede ser su propia mirada, porque sus ojos estarían fuera y detrás de él (¿Pero acaso hemos visto su cara?).

El título hacer referencia a la lectura de los espejos como "copiadores".
"Los espejos son abominables, porque multiplican el número de hombres" escribió Borges. Parece una idea superficial: salvo en una complicada tramoya, el espejo sólo nos reproduce una vez: la vez del Otro. Creo que aquí está la clave del miedo. El espejo no nos "enfrenta" (nunca mejor dicho) a una fila de boyscouts todos con nuestra cara. Nos enfrenta a una sola figura, el Otro, que es la cara oculta (al revés, especular) del "Yo". Como decía antes, el Demonio.

El miedo al espejo es el miedo a nuestra propia imagen en el espejo: a nadie le turba ver el reflejo de un paisaje. La
catoptrofobia es así una especie de ipsofobia, por decirlo más clarito. Parece que el gran Sandor Ferenczi, en los albores del psicoanálisis, diagnosticó llanamente la catoptrofobia como una manifestación del miedo al autoconocimiento.



Autoposesión demoníaca

El espejo como símbolo de leyendas de terror es parte de la tradición del espejo como herramienta de magia y brujería. Mirarse fijamente en un espejo llega a inducir un estado alterado de consciencia, como quedarse absorto en una llama
parpadeante. El espejo, como la bola o la superficie de un líquido oscuro, es un instrumento tradicional del vidente, el objeto real sobre el que "materializa" sus imágenes mentales, bien para que otros las compartan, bien como una forma de plasmar lo que en su mente es sólo un torrente de sensaciones. Antes de empezar a ver la otra realidad, el vidente se pasa un rato viéndose a sí mismo. Luego su imagen se desdibuja y comienza propiamente la "visión".

A la reina bruja de
Blancanieves, como es muy mala, no le da miedo hablar a solas con su espejo. La reina conoce bien las artes demoníacas y el espejo le sirve para fortalecer su propia identidad, para reconocerse en toda su belleza.


Efectivamente, lo que el espejo provoca, si te quedas absorto en tu reflejo en él, es la extraña imagen de tu propia belleza, una belleza rara, al margen de tu "Yo", al margen de la imagen que te has construido para los demás y que se ha acabado convirtiendo en tu propia consciencia. Tu imagen "controlada" (la imagen de tu "Yo") se desdibuja al rato de mirarte. Luego surge esa imagen de ti mismo en la que de pronto no te reconoces, esa especie de personalidad ajena que te está mirando de vuelta con algo de sorna, y que no es sino el extranjero audaz que vive dentro de ti mismo. A que aparezca ese tú extranjero es a lo que temes cuando temes "llegar a ver algo en el espejo". Y ese es llanamente tu miedo al Demonio.

Por eso, de los
pentagramas invertidos —y más con una cara de chivo en el centro, como se usan en el satanismo— se dice que son básicamente espejos. Digamos que puedes mirarte en un espejo y llegar a ver la cara del Demonio, o puedes mirar la cara del Demonio y llegar a verte reflejado como en un espejo, da igual la dirección.

La
otredad del Demonio es sólo desconocimiento de lo que eres, auto-alienación. Si crees que viene hacia ti desde muy lejos, es que intuyes enormes extensiones inexploradas dentro de ti mismo. Pese a cientos de años de religiones, hay dos rasgos del Demonio que sabes bien: uno es que el Demonio siempre se ríe, lo que es un anuncio indisimulado de placeres prohibidos. Otro es que el Demonio te es extrañamente familiar: se mete en tu cuarto, te mira por el espejo, te asusta con lo que más miedo te da. ¿No son pruebas de que es tu reflejo profundo? Deja de tener miedo de todo lo que realmente abarcas, de todas tus posibilidades.




© Miguel AlgOl


5 comentarios:

Alexander dijo...

hola mi sobrina de 8 años, dice q tiene una amiga q vive en el espejo, dijo q la amiga le habia dicho q se llamaba trixi y q hablaba con ella, cuando uno le quita el espejo se enoja y dice q lo devuelvan q necesita hablar con la amiga, en realidad me tiene muy preocupado eso porq desde hace tiempo lo viene haciendo y hasta donde tengo entendido los espejos son la entrada del otro mundo al de nosotros…. q puedo hacer en este caso tanto con mi sobrina como con el espejo?

Gabriella Díaz dijo...

veo un reflejo que no es el mio, me pasa últimamente, uno en especial me da miedo, no entiendo porque pasa esto. las personas que veo la mayoría son adultos mayores, esto me pasaba de niña ya hasta lo había olvidado y ahora pasa de nuevo.

Maiko Tengu dijo...

Impecable.

Anónimo dijo...

Yo necesito que me contesten con franqueza en la noche cuando voy al baño por ahí de las 1 de la mañana me veo en el espejo siempre sonrió pero no es mi risa normal pero últimamente cuando me meto a dormir después de ir al baño en mis sueños hay un ser como si fuera yo pero con esa risa muy sobrenatural lo peor es que no soy en único que me ve así pues mimadre dice que ella soñó conmigo pero que tenía una risa algo rara claro nunca le dije que tengo los mismo sueños esto a que se debe o que puedo hacer

Miguel AlgOl dijo...

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