Para expresar la Oscuridad




Los símbolos no son las cosas, sólo sus representaciones en un determinado momento, y no hay nada en su origen particular que predetermine lo que pueden llegar a significar a través de los tiempos. La corriente occidental contemporánea llamada Sendero Siniestro es en sí misma un genuino fruto de la modernidad, en buena parte precisamente como reacción o respuesta a la crisis existencial de esta. El Sendero Siniestro ha podido aparecer porque previamente ha habido un terreno abonado por lo que Ricoeur llamaba la "filosofía de la sospecha", o la "filosofía del martillo" como prefería denominarla Nietzsche, es decir un discurso en Occidente que pusiera radicalmente en cuestión el carácter "superior" y "eterno" (o sea, divino) de las formas de ver el mundo dominantes en las distintas épocas. Un discurso que disputaba por primera vez al Poder el derecho a forjar y usar el concepto de "Bueno".

El Sendero Siniestro reivindica raíces e influencias muy remotas y diversas: La Europa "pagana", la India, el Tíbet, el Mediterráneo gnóstico, Guinea, las antiguas cosmogonías de Persia, de los vikingos, de Egipto, el "chamanismo" de los grandes cazadores de América, la alquimia medieval, el diabolismo escénico del siglo XIX... Pero todas estas referencias se recogen y se integran en un discurso coherente sólo a través de una lectura completamente moderna-occidental de ellas. En el Sendero Siniestro contemporáneo se dan cita cosas tan dispares que difícilmente encajarían, si no fuera porque están siendo definidas por una misma mirada: Tradiciones muy remotas escritas en lenguas que todavía ni siquiera desciframos bien y símbolos del arte postindustrial, la alquimia y el steampunk, la Cábala y el horror de Dunwich, el Pentateuco y la psiconáutica.

En esta mezcla de épocas, estilos, lenguajes y símbolos hay un movimiento lleno de posibilidades creativas, una corriente de pensamiento audaz y original, siempre en búsqueda de nuevas y mejores formas de expresar la grandiosa Oscuridad de la que está hecha la vida.



© Miguel AlgOl

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