Recuerdo siniestro de Sara Ross



La vida y la obra de la maga catalana Sara Ross están hoy prácticamente olvidadas. Un par de blogs que contenían poemas suyos han desaparecido, así que ni siquiera en el omnisciente internet es posible encontrar testimonio de ella. Los que avanzamos por los senderos siniestros deberíamos mantener viva la memoria de los que nos precedieron, lucharon y cayeron. Sara Ross conoció al controvertido director de cine Jesús Franco, y un fanzine de culto dedicado a este último publicó hace ya bastantes años algunos apuntes sobre ella. Es el único material del que dispongo. A continuación transcribo lo que esta publicación difundió sobre su vida:


Sara Ross nació el 11 de Abril de 1949 en la localidad de Montferri (Tarragona). Vivió una desgraciada infancia: su padre murió el día de su nacimiento y su madre se volvió loca, aficionándose al juego y a la bebida. En una ocasión, cuando era pequeña, la dejo abandonada en los lavabos de un bar de Valls.

Desde niña empezó a escribir pequeñas piezas de poesía. Cuando tenía 13 años fue secuestrada, maltratada y violada por unos dementes que se habían escapado del hospital psiquiátrico Pere Mata de Reus y que aparecieron en la fiesta mayor de su pueblo.

A los 17 años su madre se mató al caerse del balcón que estaba limpiando en un quinto piso. Se fue a vivir con un tío paterno que la secuestró en su piso de Salou y la obligó a prostituirse durante dos años.

Pudo escapar de las garras de su tío y entonces se ganó la vida como vidente y adivina, actividad que nunca llegó a abandonar en toda su vida. Hacía predicciones con la ayuda de las cartas del Tarot de Crowley, haciéndose llamar Babalón, y practicando magia sexual con muchos de sus clientes. Alrededor de 1969 entró en un grupo de Salou que se hacía llamar Astrum Argentum, donde llegó a ser Suma Sacerdotisa.

A los treinta años Sara Ross presentó con gran ilusión una curiosa obra esotérica y hermética en una conocida editorial. Se trataba de una colección de poemas llamada Satanikus, donde Sara pretendía resumir todos sus conocimientos sobre la magia que había adquirido en su experiencia como Suma Sacerdotisa del grupo de Salou.

Por una de aquellas sincronías del destino los Satanikus de Sara cayeron en las manos de Juan Eduardo Cirlot, reconocido poeta y crítico de arte, que trabajaba como corrector de pruebas y asesor literario en aquella editorial. Cirlot quedó impresionado, porque sus conocimientos sobre simbología le permitieron descubrir los mensajes velados que contenía la obra de Sara. Cirlot dijo que aquellos versos de fondo perverso y satánico revelaban unos conocimientos mágicos que, por su peligrosidad, no podían ser mostrados al mundo. Por ese motivo Cirlot no permitió que los Satanikus fueran publicados, haciendo incluso desaparecer los textos manuscritos originales y catalogando a Sara como una poetisa maldita. Impotente, Sara se sumió en una profunda depresión.

Deprimida por su fracaso en el mundo de la poesía y su ruina económica, se hizo monja de clausura a los 31 años. Sufrió grandiosas y terribles visiones en las que se identificaba con Sara, la hija de María Magdalena, que según la tradición fue fruto de su relación con Jesús. Sus delirios místicos y sexuales en el convento la apartaron finalmente de los hábitos. Se trasladó a Barcelona, donde se entregó totalmente al mundo de la noche. En un conocido local de Barcelona llegó a realizar números eróticos con sus ropas de monja.

En su madurez se dedicó a coleccionar amantes jóvenes, estetas y eruditos. Ahogó sus penas entre humos, alcohol y Coca-Cola Light. El agravamiento de su depresión la llevó a ser medicada severamente, llegando a estar internada durante seis meses en el hospital psiquiátrico de Reus en el que recibió tratamiento de electrochoques.

Nunca obtuvo ningún premio ni reconocimiento literario.

Se suicidó a los 52 años de edad en una masía cerca de Montferri, colgándose de la cadena del water. Sola y abandonada en la masía dedicó sus últimos días a escribir su libro de poemas Invokacions. Su cuerpo fue descubierto por unos cazadores en avanzado estado de descomposición, faltando algunos miembros posiblemente comidos por alimañas del bosque. Su cadáver fue incinerado y sus cenizas reposan en Montferri.

En el funeral de Sara Ross unos amigos le dedicaron las siguientes palabras:

“Los ángeles del abismo depositarán tus cenizas en la Ciudad de las Pirámides mientras tus ojos brillan en la oscuridad con tu inextinguible lujuria y tu perversa pasión por lo Infinito. Para que todos alcancemos el Sacramento del Santo Grial en la Capilla de las Abominaciones.”

Según parece, uno de los cazadores que encontró el cadáver de Sara recogió el cuaderno de notas con los poemas de Invokacions y lo entregó a la bibliotecaria de Montferri, que a su vez lo guardó entre varios libros de poesía donados por la diputación de Tarragona.

La mayor parte del libro fue escrito entre las ruinas de la ermita de Montferri de Jujol, un lugar que sin duda transmitió todo su gótico poder y romanticismo apocalíptico a Sara. El manuscrito fue hallado junto a los restos de su cuerpo, y hay quien dice que guarda un extraño y terrible poder entre sus páginas.

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