"Es la música que hay en nuestra conciencia, el baile que hay en nuestro espíritu,
lo que no quiere armonizar con ninguna letanía puritana, con ningún sermón moral..."
(Nietzsche: Más allá del bien y del mal, 216)


El sueño en que me asomé a la casa de Satán

 Relato onírico




Una noche que daba un paseo supe de pronto que estaba soñando, porque me di cuenta de que caminaba por una calle que hacía tiempo que no existía. Al final de aquella calle había un sombrío templo negro con ventanas escarlatas, y lógicamente entré. 

A la entrada no había una pila de agua bendita, sino una pila de fuego maldito. Comprendí entonces, con alborozo, que no estaba en la casa de Dios, sino en la de Satán.

El altar era un inmenso espejo barroco ante el que los feligreses se adoraban con grandísima devoción. 

En los confesionarios, los clérigos escuchaban con paciencia y los ojos en blanco los deseos de pecar de los fieles, luego descorrían las cortinillas y les invitaban a pasar para realizarlos.

En los bancos, de rodillas y con los ojos cerrados, muchos se arrepentían amargamente de no haber incendiado todavía sus vidas. 

Un coro de religiosas sangrientas levitaba a dos palmos del suelo. La sangre amarga se volvía dulce vino en la boca de las monjas vampiro. 

Pero cuando las puertas se abrieron y se cerraron trece veces, siendo sólo medianoche, sentí una repentina inquietud por el aire libre de la noche y me fui. Cuánto lamento no haberme quedado más...

Ahora cuando, caminando cualquier día por la calle, me parece de pronto que estoy soñando, me pongo a buscar inmediatamente el templo negro de ventanas escarlatas. Pero hasta ahora no he vuelto a dar con la calle que ya no existe.

 

Miguel AlgOl

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