"Es la música que hay en nuestra conciencia, el baile que hay en nuestro espíritu,
lo que no quiere armonizar con ninguna letanía puritana, con ningún sermón moral..."
(Nietzsche: Más allá del bien y del mal, 216)


El dragón en el umbral de la Magia




Lo cuentan de mil formas las tradiciones del mundo: Ante la cueva del tesoro hay un dragón. Un reto atroz antes de acceder a la abundancia. Los tesoros han de ser conquistados, no se ofrecen a cualquiera. Todo tesoro real es una recompensa por una lucha, el galardón de una victoria. No hay tesoros esperando al paseante casual, no es cuestión de "fortuna" encontrarse con la verdadera fortuna.

Todas las ágoras mediocres de la modernidad, por ejemplo las redes sociales de moda, demuestran cada día que hay muchos buscadores de tesoros que no están en absoluto dispuestos a luchar con dragones. Como auténticos y pequeños modernos, estos "buscadores" ya atesoran el mínimo esfuerzo, el confort, la prisa con que se delata una voluntad degradada a capricho. Y como no han luchado con dragones, los tesoros de que alardean son inventados, patrañas para los demás.

Estoy llamando tesoro a los beneficios personales de la Magia Negra, dragón al duro trabajo sobre uno mismo para alcanzarlos y patrañas a las poses del noventa y nueve por ciento de "hechiceros siniestros" y "maestros oscuros" que se exhiben en los foros de internet de hoy, todos esos ceñudos y lamentables José Carlos Belcebú, Hijo del Abismo Pérez y Abigor LaVey Belfegor. Y hablo de la Magia Negra porque debería ser el camino de la lucha personal sincera, sin excusas ni supuestos atajos (sin dioses), no porque sea el único ámbito donde estas cosas se producen. En la "Magia de Luz", entre la gente que avanza de rodillas temblando de humildad detrás de un sacerdote, los espectáculos bochornosos ya se dan por descontado.

El dragón de la Magia tiene muchas escamas afiladas: esfuerzo sin atisbar la recompensa, ejercitación repetitiva, conquista de un tiempo propio que no está en las "agendas", modestia por los resultados en la inmodestia de lo que se quiere alcanzar, silencio ante el mundo, meticulosidad, incomodidad, fastidio, confusión, empeño ciego, soledad. Nada para gente moderna, acostumbrada a escoger y llevarse algo ya.  La Magia es para una élite no porque tenga claves misteriosas en libros escondidos o en lenguajes secretos, sino porque muy pocos están determinados a continuar luchando cuando el dragón se revuelve triunfante una y otra vez. Pero al final sucumbe.

Y cuando consigues tus primeras victorias sobre ti mismo, pues el dragón es todo lo de ti que ha de ser superado, lo que menos te apetece es salir a pavonearte ante los ignorantes.



© Miguel AlgOl